12 nov. 2013

Cuando la abstracción da la forma



Quiero acordarme ahora de la mañana que amanecí en esta ciudad con la intención de cerrar una ventana. La noche anterior casi no pude dormir y madrugué, ayuné y salí de la ducha casi sin mojarme y con la ropa puesta. Dejé la cama vestida de mujer y salí sabiendo que no volvería siendo el mismo. Quiero acordarme del ansia, del corazón que me saltaba en el pecho como si no cupiese y necesitara expandirse hacia fuera, hacia mi garganta y mi boca. La saliva se acumulaba en la parte inferior de mi lengua y en el estómago vacío resonaba el eco de mi voz. Quiero acordarme de la calle sin pérdida que separaba su casa de la mía, dos camas prestadas con una buena excusa. La iglesia que la tarde anterior visitamos y que nos vio crecer hacia dentro años antes, cuando el tiempo pasaba lento y sin permiso. Quiero acordarme de que pasé de largo el portal con la intención de hacer el tiempo, con la intención de pensarlo bien, con la intención de tomar conciencia del acto. Quiero acordarme de que subí en un ascensor de madera, de que llamé a una puerta, de que me abrió ella y de que, sin darnos tregua, fui a la ventana y la cerré. Luego vinieron llamadas, decisiones y un largo silencio que llega hasta hoy, que la obra de Tony Soto me trae aquella mañana en que decidí cerrar una ventana.
José Sánchez Hidalgo

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